No soy rubia y no me gusta el Martini con hielo. No soy alta, en realidad, ni siquiera llego al metro sesenta, aunque con tacones altos lo sobrepaso. Soy incapaz de estarme quieta, hablo demasiado y me enfado muy deprisa, aunque se me pasa muy rápido. Lloro demasiado, pero soy tan divertida en ocasiones que te dolerá cada centímetro del cuerpo de tanto reírte. Escribo frases en los márgenes de los periódicos y nunca me acuerdo de llamar al día siguiente. Lo que puedo prometerte es que no te aburrirás conmigo, te volveré loco y querrás salir corriendo de lo pesada que me pongo a veces. Soy impredecible, vivirás sin saber lo que te espera conmigo. También te darás cuenta, con el tiempo, de que soy algo caprichosa y un poco coqueta también, para qué negarlo.
Un día me verás llorando por los suelos, y al siguiente dando saltos de alegría. Por las mañanas puedo ser la más odiosa que conozcas y por las tardes la más encantadora. Mi risa te puede animar, pero tengo miradas que matan.
Habrá días que estaré 24 h contigo, abrazándote, agobiándote, haciéndote reír. Otros, sin embargo, notarás que no estoy aquí, que nada me incumbe y nadie tiene que ver conmigo, esos días te aconsejo que no te esfuerces ni en tocarme. Con el tiempo verás que soy de extremos, que conmigo es blanco o negro, que el gris para mí no existe: o te quiero o paso de ti, o algo me gusta o no puedo ni verlo, o me da igual todo o todo me influye.
También te darás cuenta de que me doy entera a todo, que las cosas, cuando decido hacerlas,
las hago dando todo de mi, dejando en ellas sudor y lágrimas. Que cuando lloro,
lloro hasta soltar la última lágrima, que cuando río, se me sale toda la fuerza en cada carcajada, que cuando me enfado, lo hago con toda mi energía, que cuando grito, me dejo la garganta y que cuando beso con sentimiento, cierro mis ojos y lo hago como si fuera la última vez.
Después de darte cuenta de todo eso, sabrás si eres un poco inteligente, que cualquier día,
a cualquier hora, me puedo ir de tu vida tal y como llegué, sin esperarlo, con fuerza y de repente.
Para ese día ya habrás descubierto que es inevitable quererme, mirarme, y estar pendiente de mí.
Un día me verás llorando por los suelos, y al siguiente dando saltos de alegría. Por las mañanas puedo ser la más odiosa que conozcas y por las tardes la más encantadora. Mi risa te puede animar, pero tengo miradas que matan.
Habrá días que estaré 24 h contigo, abrazándote, agobiándote, haciéndote reír. Otros, sin embargo, notarás que no estoy aquí, que nada me incumbe y nadie tiene que ver conmigo, esos días te aconsejo que no te esfuerces ni en tocarme. Con el tiempo verás que soy de extremos, que conmigo es blanco o negro, que el gris para mí no existe: o te quiero o paso de ti, o algo me gusta o no puedo ni verlo, o me da igual todo o todo me influye.
También te darás cuenta de que me doy entera a todo, que las cosas, cuando decido hacerlas,
las hago dando todo de mi, dejando en ellas sudor y lágrimas. Que cuando lloro,
lloro hasta soltar la última lágrima, que cuando río, se me sale toda la fuerza en cada carcajada, que cuando me enfado, lo hago con toda mi energía, que cuando grito, me dejo la garganta y que cuando beso con sentimiento, cierro mis ojos y lo hago como si fuera la última vez.
Después de darte cuenta de todo eso, sabrás si eres un poco inteligente, que cualquier día,
a cualquier hora, me puedo ir de tu vida tal y como llegué, sin esperarlo, con fuerza y de repente.
Para ese día ya habrás descubierto que es inevitable quererme, mirarme, y estar pendiente de mí.
