Y de nuevo de vuelta a la rutina. Cinco días seguidos que te tienes que levantar a las siete de la mañana. Que si vestirte.Que si preparar la mochila. Que si desayunar. Que si lavarte los dientes. Peinarte. Darte los últimos toques. Y paf! al instituto de nuevo. Día trás día, la misma rutina.
JODER! Biología a primera. ¡Qué mal rollo! ¿Qué haremos hoy? Preguntas que hasta que no estás empotrada en ese pupitre, con una personita que te alegra cada momento del día, no sabes cuál es la contestación.
En clase, mientras se te mezcla el sueño, el desayuno que te revuelve las tripas y las paranoias que tiene una en la cabeza. Un caos total. Deseando que toque.
-¿Cuánto queda, petar?
+Media hora. -.-
-Joder, media hora todavia?
(El tiempo no pasa cuando estás en esas cuatro paredes)
Puf! la sirena a tocado, estamos en la primera planta, tenemos que ir a la segunda. ¡Corre, que nos quitan el sitio!
-¡Laura, Isa! Si llegáis antes guardarnos el sitio, sino, lo haremos nosotras.
La siguiente hora, Química. Se ve llegar a la profesora Olga por la puerta. Cargada y sin saber que es lo que tiene que hacer, para no variar.
Pasa y pasa el tiempo, mientras Olga nos come el coco con sus problemas tan importantes de química. Mientras decimos para nosotros. ¿Y qué? No nos interesa, ¿vale?
Pasa los minutos y vuelve a tocar la sirena. Dando lugar a la hora de Deporte.
José Miguel, el Dios de los maestros. Una de nuestras horas preferidas. Se pasa volando.
Deseando que toque para ir al recreo.
Por fín el recreo, ¡qué maravilla! Lo esperado durante toda la mañana. Vueltas y vueltas mientras nos comemos el bocata, y el zumo verde que tiene Celia :) pero demasiado bonito para ser real, la hora del recreo se pasa volando.. Toca la sirena... y nos damos cuenta de que quedan tres horas por detrás.

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