Su composición.
Es prácticamente imposible que falle con estos preciados ingredientes.
Cuando el mar está revuelto y las olas rompen una a una en mi cara impidiéndome recuperarme para recibir la siguiente, aparece ella, siempre dispuesta a que me apoye en su regazo para no naufragar.
Me seca el sudor de la frente y me tranquiliza susurrándome que me calme, que todo irá bien y que no me dejará hundirme en mi mar de dudas.
Cuando por fín cesa la tormenta y el agua deja de empaparme los huesos, me encuentro en un estado de profunda confusión, sin encontrar norte y sur. Me detengo a aclararme las ideas y aparece.
Ella sigue ahí, en el mismo sitio donde nos encontramos anteriormente.
Transmite tranquilidad, las facciones de su cara son suaves y está en calma, esperando el momento en el que mi pecho explote dejando al descubierto todo lo que allí almacenó durante todo este tiempo.
Tengo miedo. Me tiende su mano y el mundo se detiene.
Una extraña reacción surge en nuestras entrañas al suave contacto de nuestra piel, y a la vez que el sol sale, una sonrisa asoma de unos dientes perfectos para ser acompañada instantes después de otra más amplia y sincera.
Y todo está en calma.
Si no fuera por esta enana... (L)

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